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| | viernes, 18 de enero de 2008 |
El verdadero precio del pollo barato |
Un vídeo filmado en secreto en una granja-factoría en la que unos pollos luchan por mantenerse en pie, en unas condiciones antinaturales y lastimosas, ha puesto en marcha una campaña creciente para mejorar la vida de 800 millones de pollos criados directamente para la alimentación en el Reino Unido
Martin Hickman | El grupo de protección de los derechos de los animales Compassion in World Farming (CIWF) grabó la película en una granja que suministra carne a los principales supermercados del país para ilustrar las lúgubres condiciones de estos gallineros diseñados para albergar entre 25.000 y 50.000 aves.
El metraje granulado del vídeo deja entrever lo que parece una alfombra blanca de miles de aves arrastrándose de un sitio a otro por un gallinero mal iluminado. Algunas cojean o están muertas en el suelo. Afuera hay contenedores repletos de pollos muertos.
Aunque su destino final es desconocido, las aves eran compradas por una compañía que proporciona más del 80% de las alitas de pollo de McDonald"s, así como a Morrisons y Sainsbury"s [dos importantes supermercados británicos; N.T.].
Ayer por la tarde la compañía Sun Valley Foods, de Hereford, anunció que abriría una investigación sobre las condiciones de la granja Uphampton en las cercanías de Leominster.
El metraje fue entregado a The Independent en medio de una ola de preocupación por el tratamiento que reciben los animales en las granjas-factoría de Gran Bretaña.
Esta semana el RSPCA [Sociedad Real para la Prevención de la Crueldad con los Animales, por sus siglas en inglés; N.T.] llamó a los supermercados a cesar la venta pollos estándar producidos en masa, que tienen vidas breves, monótonas y a menudo atravesadas por el dolor.
La semana que viene en Channel 4 los chefs Hugh Fearnley-Whittingstall y Jamie Oliver tratarán de enseñar la desagradable realidad del pollo barato y pedir a los supermercados que mejoren sus condiciones de existencia, y al público, que escoja aves orgánicas o criadas en granja.
Cerca de 855 millones de pollos son sacrificados anualmente para el consumo en el Reino Unido, por lo que es la carne más popular en el país y, en consecuencia, la más sujeta a preocupación. La mayoría de las aves -cerca del 95%- permanecen en interiores, amontonadas en enormes gallineros en condiciones que los académicos y promotores de la campaña han descrito como claramente perjudiciales para el animal.
La investigación ha descubierto que el 27% de estos pollos estándar tienen significantes o graves problemas para andar porque sus patas no pueden soportar el peso anormalmente grande de unos cuerpos desarrollados genéticamente para producir más carne.
Muchos de ellos también sufren de quemaduras en las patas por permanecer de pie en una arena cubierta de orines que sólo se cambia cada seis semanas.
Una de cada 20 aves fallece por muerte súbita, provocada habitualmente por un fallo respiratorio o cardíaco.
CIWF visitó la granja de Uphampton porque sus pollos son suministrados por Aviagen, una de las tres principales compañías en el mundo.
Durante sus visitas en octubre y noviembre, los activistas encontraron muchas aves con problemas. Una, tratando de alejarse del cámara, dio seis pasos tambaleándose antes de caer. Después de ponerse en pie hizo siete pasos más con dificultad antes de caerse de nuevo. Muchas otras eran reacias a moverse, incluso cuando su respuesta natural hubiera sido ésa.
Lesley Lambert, director de investigación de CIWF, declaró que “ese tipo de cojera está normalmente asociado con el dolor. Es posible que las aves tuvieran dolor crónico.”
“Había al menos una ave muerta en el suelo. La atmósfera era polvorienta y el suelo estaba cubierto de excrementos.”
Ed Roberts, cuyo hijo Jonathan dirige la granja Uphampton, negó que las aves tuvieran problemas de cojera y declaró que la mortalidad raramente excede el 3%. Todas las dudas, dijo, deberían plantearse a Sun Valley Food, uno de los grandes jugadores en el negocio del pollo, que produce dos mil millones de libras esterlinas al año en el Reino Unido.Sun Valley declaró que se toma la responsabilidad del bienestar de los animales muy en serio, y anunció una investigación sobre sus condiciones de vida mostradas en el vídeo.
CIWF, sin embargo, afirmó que las condiciones de la granja son las típicas de los grandes gallineros y que esta granja presenta un retrato fiel del estado de la industria. Estas aves son mantenidas en interiores durante toda su vida, que es generalmente de menos de un mes. Son sacrificadas entre los 39 y 42 días, en comparación con los 56 días de los pollos de granja y los 80 de las aves orgánicas.
A las aves orgánicas se les permite deambular libremente por el gallinero y tienen perchas y otras oportunidades para desarrollar su comportamiento natural. Sin embargo son tres veces más caras que los pollos estándar.
En tres programas diarios de una hora de duración a partir de este lunes, Fearnley-Whittingstall revelará los resultados de un experimento que muestra la diferencia entre los mejores y peores sistemas de protección de los pollos: ha dividido un gallinero en dos, reuniendo a 1.500 pollos de granja en un lado y 2.500 pollos de interior en el otro.
Fearnley-Whittingstall ha declarado que “básicamente queremos cambiar la manera en que se produce la carne de pollo en el Reino Unido. Creemos que cuanta más gente lo entienda, más inclinados estarán a mejorar el bienestar de las aves que compran.”
El Consejo Británico Avícola, que representa a la industria del pollo, negó que las aves de granja u orgánicas fueran necesariamente mejores y dijo preocuparse por el bienestar de las aves.
Su director ejecutivo, Peter Bradnock, declaró, sin embargo, que los consumidores están más preocupados por el precio y la seguridad del alimento que por el bienestar de las aves. “La idea de que la industria es oscura, brutal y despreocupada es una estupidez”, dijo.
“Las personas que producen esos pollos están produciéndolos así porque es lo que quiere el mercado. Todos los sistemas de producción están disponibles a los consumidores y claramente etiquetados. No hay ninguna excusa.”
Martin Hickman es miembro de Consumer Affairs
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